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Lengua para la libertad y libertad para la lengua en Venezuela

Por Carlos Leáñez Aristimuño

En la Venezuela actual, una ideología pretende controlarlo todo: desde los precios de las cosas hasta el sentido de la historia y de la propia vida de los individuos. Se trata del llamado “socialismo del siglo XXI”. A fin de consolidarlo en profundidad, sus agentes se han apoderado del Estado nacional en todas sus instancias, gracias a lo cual disponen de los instrumentos necesarios para montar la “hegemonía comunicacional” , es decir, la gradual eliminación de todo foco de comunicación alternativo, el socavamiento incluso de toda posibilidad concebir un relato distinto al del poder. Esta toma del Estado les permite intervenir la lengua y montar sobre ella relatos de guerra o resistencia “antiimperialista” capaces de dar pleno sentido al colectivo e incluso al individuo. En una secuencia ideal, se trata de ir de la toma del Estado a la conquista de la sociedad y de los individuos, procediendo a la inhabilitación cognitiva de estos gracias a una lengua degradada que hace creíble ─y cada vez más difícilmente refutable─ una propaganda masiva y omnipresente.

Las líneas que siguen buscan quebrar la secuencia recién descrita. Para ello hemos de tomar conciencia de la manipulación de la lengua, denunciarla e impedir su propagación, lo que implica no incurrir en prácticas similares y exigir que ellas cesen en el espacio público. De ello depende algo fundamental: quitarle el más sólido sustento que posee el relato de “guerra antiimperialista”, el cual podría hacer, al falsear las relaciones causa-efecto, que la crisis actual no se revierta en beneficio de una sociedad libre, abierta y democrática, sino que afiance un régimen con intenciones explícitamente totalitarias. Quitar ese sustento en la fecha en que cierro estas líneas ─septiembre de 2014─ es posible: las costuras existentes entre la propaganda y la realidad se están haciendo muy notorias. En efecto, la insostenibilidad del modelo económico y la muerte de Hugo Chávez ponen severos límites al “socialismo del siglo XXI”: no hay dinero para sostenerlo y el gran ilusionista ya no se encuentra en el escenario. Por otra parte, las fuerzas que adversan internamente el relato chavista, aunque relativamente divididas, crecen, son mayoría. Además, el contexto latinoamericano actual ─salvo el caso cubano─ no parece inclinado a totalitarismos, aunque se encuentre plagado de tentaciones autoritarias y controladoras.

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