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La Teoría Austriaca del Dinero

Por Murray N. Rothbard

La teoría austríaca del dinero empieza y termina prácticamente con la monumental obra de Ludwig von Mises, Theory of Money and Credit, publicada en 1912.1 El logro fundamental de Mises fue tomar la teoría de la utilidad marginal, postulada por los economistas austríacos y otros marginalistas, para explicar la demanda del consumidor y el precio de mercado, y aplicarla a la demanda y el valor, o precio, del dinero. A partir de ese momento ya no era necesario disociar la teoría del dinero de la teoría económica general de la acción y la utilidad individuales, de la oferta, la demanda y el precio; la teoría monetarista ya no tendría que sufrir el aislamiento al que estaba sometida en un contexto de “velocidades de circulación”, “niveles de precios” y “ecuaciones de intercambio”.

Al aplicar al dinero el análisis de la oferta y la demanda Mises se valió del concepto wicksteediano: oferta es el stock total de una mercancía en un momento dado y demanda es la demanda total del mercado destinada a obtener y conservar saldos de caja, creados a partir de los ordenamientos de las utilidades marginales de las unidades monetarias sobre la base de las escalas de valores de los individuos actuantes en el mercado. El concepto wicksteediano puede aplicarse muy bien al dinero por varias razones: primero, porque la oferta de dinero ora es extremadamente duradera con respecto a la producción, como sucede con el sistema del patrón oro, ora está determinada en forma exógena al mercado por la autoridad gubernamental; segundo, y más importante, porque el dinero, única entre todas las mercancías que la gente desea obtener y demanda al mercado, se adquiere no para su consumo, sino para su tenencia con vistas a un intercambio futuro. La demanda-de-dinero para su tenencia se convierte así en el concepto apropiado para analizar la función singularmente amplia del dinero y de su tenencia como stock con el fin de utilizarlo para ulteriores ventas. Mises pudo explicar también la demanda de saldos de caja como una resultante de las utilidades marginales sobre escalas de valores que son rigurosamente ordinales para cada individuo. En el curso de su análisis, Mises se basó en la lúcida idea de su colega austriaco Franz Cuhel para desarrollar el concepto de una utilidad marginal que era estrictamente ordinal, lexicográfica, y estaba expurgada de todos los vestigios del error de presuponer la mensurabilidad de las utilidades.

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