No hay duda alguna que el ingeniero José Luis Cordeiro es uno de los venezolanos que ha visitado y vivido en diferentes países y está atrapado por grandes inquietudes patrióticas e intelectuales. Anteriormente había escrito otros libros, como El desafía latinoamericano y sus cinco grandes retos (Bogotá, McGraw-Hill, 2007), La segunda muere de Sucre…y el renacer del Ecuador, (Guayaquil, IEEP, 1999), ¿Dolarización en Costa Rica? (San José, Instituto Libertario, 2003) y otros más que dan cuenta de su vocación latinoamericanista y su gran talento. Y ahora nos trajo la segunda edición de su “best-seller” La segunda muerte de bolívar, en donde estudia exhaustivamente el problema de la inflación permanente en Venezuela, la cual comenzó fuertemente en 1974 y se transformó a partir de 2015 en el gran flagelo de la hiperinflación. En este sentido, a pesar de no ser economista, planteó su investigación, sin muchos tecnicismos, y lamentamos que la mayoría de los economistas venezolanos se hayan ocupado de problemas como la renta petrolera, otros atacando a PDVSA por tratar de aumentar la producción y no ocuparse del mercado petrolero, y otros problemas mucho menos importantes que esta desvalorización de nuestra moneda, desde hace más de cuarenta años.

En las páginas introductorias, nuestro ingeniero e intelectual avezado, nos grita al oído, la depauperación de grandes sectores de la población, precisamente a partir de la nacionalización petrolera.

¡Las cifras no mienten! Las primeras seis décadas importantes del petróleo venezolano, entre 1914 y 1975, corresponden a un acelerado período de crecimiento nacional con mejoras continuas en la calidad de vida y disminución de la pobreza. Sin embargo, desde 1976, año fatídico de la estatización petrolera, el crecimiento se ha detenido, la pobreza se ha elevado impresionantemente y las desigualdades han aumentado hasta el punto que ya han ocurrido varias explosiones sociales. Según las más recientes encuestas, tanto del sector público como privado, nacional e internacional, la pobreza y la marginalidad en Venezuela han alcanzado el 80% de la población. Una situación jamás previsible en la “rica” Venezuela de 1976. Hoy en día quien sigue siendo igualmente rico es el Petro-Estado; no obstante, éste no responde a las necesidades de una población cada día más pobre. ¿Pero por qué? Por la sencilla razón de que el Estado no vive principalmente de los aportes de la población sino del ingreso petrolero. Esta trágica situación solo cambiará cuando el petróleo sea de los venezolanos y el Estado tenga que responder a la población por sus acciones y resultados, por sus ingresos y egresos, por sus promesas e incumplimientos. (p.XIII)

Ante los desmanes de la emisión inorgánica de dinero, un venezolanismo que ha tenido éxito en el mundo de las finanzas y la banca central, muchos economistas, sociólogos, intelectuales y otros, proponemos la introducción del dólar como moneda de Venezuela, lo que se ha llamado la dolarización. En este sentido, uno de los primeros países en adoptarla en América Latina-después de Panamá- fue el Ecuador y en este país el éxito no se hizo rogar. En efecto, el salario mínimo había caído a US$ 40 en el año 2000, pero una década y media más tarde – como lo señala Cordeiro- gracias a la dolarización el salario mínimo ya había los US$ 366, esto es un 815% de incremento. En el 2020, ya está en US$ 400, superior a los salarios mínimos de Argentina, Chile y México. Demás está mencionar que la dolarización en Ecuador costó alrededor de US$ 800 millones. Las cifras dan de nuevo otra vez de que hablar.

En uno de sus primeros capítulos nuestro versado autor, nos recuerda que antes de 1940, existían seis bancos privados que emitían dinero (Banco de Venezuela, Banco Mercantil y Agrícola, Banco Venezolano de Crédito, Banco de Maracaibo, Banco Comercial de Maracaibo y Banco Caracas). Los citados bancos primados emitían sus billetes respaldados por lingotes de oro y monedas de plata que circulaban entonces y habían sido acuñadas por el gobierno.

También la solidez de estos bancos era impresionante, aquí podemos citar nosotros al libro editado por el Banco Central de Venezuela (BCV) Compilación de leyes de bancos y otros institutos de crédito (tomo I) con un estudio introductorio de Luis A. Peláez, 1991, un cuadro en su página 63, en donde se explica entre otros indicadores que para el año 1935, el pasivo total era de 4,5 veces su patrimonio, en la actualidad según las reglas de Basilea los bancos pueden alcanzar un endeudamiento de hasta 11,5 veces su patrimonio; las disponibilidades de caja y bancos eran de también de 61,7% sobre el activo total, y los billetes emitidos representaban el 29,9% del activo total. Ahora bien, según la Ley de Bancos del 20 de julio de 1936 se les permitía a los bancos de emisión la posibilidad de emitir billetes hasta por el doble de su capital enterado en caja. Y la existencia de oro acuñado en caja debía  representar por lo menos la tercera parte del valor de los billetes emitidos. Cuando se fundó el BCV está disposición se colocó en su Ley.

Nuestro autor, en las páginas 10-11 señala modificaciones en la ley del BCV la cual prácticamente han dejada anulada la tan cacareada autonomía del BCV en la propia Constitución bolivariana de 1999:

La ley del Banco Central ha sido modificada en 2005, 2010, 2014 y recientemente en el año 2016. Estas modificaciones han ido direccionadas a disminuir la autonomía del BCV y contaminar su funcionamiento, la primera de ellas (2005) estuvo orientada a permitir el establecimiento de un nivel “prudente” de Reservas Internacionales, a partir del cual el ejecutivo podría hacer uso de excedente para cualquier fin que considere adecuado. La segunda (2010) le permite a PDVSA no vender la totalidad de los dólares al BCV, sino que se queda con parte de ellos para ser repartidos o desviados a fondos manejados directamente por el ejecutivo sin ningún tipo de seguimiento. La tercera (2014) incorpora al concepto de RRII además del oro monetario y activos en moneda extranjera, piedras preciosas, metales preciosos, diamantes u otros bienes objetos de transacción en el mercado financiero internacional, se desvirtúa el concepto de reserva y se asume cualquier cosa susceptible al cambio. La última (2016) habilita a la directiva del BCV para declarar como confidencial varias cifras esenciales de la economía como la inflación y la escasez, con tal de no perjudicar a quien se encuentre en el poder por su mala gestión.

Así mismo, el libro de Cordeiro, que también nos hace el recuento magistral en sus páginas, de una especie de historia monetaria de Venezuela, verifica además un hecho comprobado por muchos especialistas y gurús de la economía internacional. Esto es, de acuerdo a la narrativa de nuestro analista: en Venezuela circulaban varias monedas   hasta que en 1857 se estableció   el venezolano de oro con una paridad fija de 5 francos franceses de oro y esencialmente igual a un dólar de aquellos tiempos. De esta manera, las primeras monedas del venezolano de oro recibieron el vetusto apelativo de “peso fuerte” y eran prácticamente canjeables por un dólar. Pero posteriormente el venezolano de oro sería reemplazado finalmente como moneda nacional en 1879 por el bolívar, a la paridad de un bolívar por franco francés o peseta, acogiéndose al sistema de la Unión Monetaria Latina de la que formaban parte varios países de Europa y Latinoamérica. El “fuerte” entonces conservó su paridad casi incólume con el dólar y valía 5 bolívares, es decir, un antiguo venezolano de oro. El “fuerte” se revaluó en cerca de 20% durante su vida de casi dos siglos hasta el año 1983. El bolívar pasaría de algo más de 5 unidades a 4,30 por dólar en ese tiempo. De hecho, durante sus mejores años nuestra moneda se colocó  hasta 3,15 por dólar. El bolívar se había   transformado en una de las monedas más fuertes del mundo. Y si bien ahora nos luce increíble, entre la Segunda Guerra Mundial y la devaluación de 1983, el bolívar, el franco suizo y el marco alemán fueron tres de las monedas más sólidas del mundo. Los índices de inflación en Alemania, Suiza y Venezuela fueron de los más bajos del planeta, más bajos aún que en Estados Unidos o Japón. ¡Y no hace mucho tiempo de eso! Se sorprende nuestro autor, con toda la razón del mundo.

Quizá uno de los mayores aportes, pedagógicos, de Cordeiro ha sido la presentación de un cuadro de cómo la inflación afecta terriblemente los precios de los artículos más comunes, cuyo consumo masivo revela las costumbres alimentarias y las distracciones sencillas de los venezolanos. Así nos presenta, como se fueron a las nubes, los precios de artículos tan populares como la arepa de queso, el refresco, el Toronto, una entrada al cine y el salario que por más que lo suban nunca alcanza para siquiera lo mínimo.

José Luis Cordeiro, también basado en otro autor (Luis Pazos), ha expuesto la cantidad de problemas que trae la inflación sobre todo el empobrecimiento de los asalariados, la desaparición de los ahorros y la sempiterna fuga de capitales.

Para terminar estas líneas, creo que el libro La segunda muerte de Bolívar, es uno de los mejores libros que se hayan escrito sobre algún problema económico del país. José Luis Cordeiro ha demostrado su talento y sus conocimientos puestos al servicio de las grandes mayorías que trabajan, leen, estudian y aman a su país, aunque se tengan que irse temporalmente a otras naciones. La lectura de estas páginas nos ilustra la magnitud del problema y que existen herramientas para resolverlo. La hiperinflación debe ser sepultada para siempre con el concurso de todos los venezolanos y extranjeros residentes en la nación Que tengan buena voluntad.

El libro se puede descargar gratuitamente: http://www.urru.org/Cordeiro/Libros/SegundaMuerteDeBolivar2016.pdf

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Fuente: www.cedice.org.ve